Tu sacrificio no fue en vano,
aunque el mal rió con fuerza,
su sonrisa se borró
cuando expiró todo pecado.
El cielo lloró.
El canto sublime del viento
grabó tu historia
en el tiempo.
Dividiste la era en dos,
y un solo corazón latió después,
lleno de fe y esperanza
de que algún día te volvería a ver.
He pecado con el paso del tiempo
por la impaciencia de no saber si vendrás.
Mi alma me reclama que espere,
porque tú jamás nos abandonarás.
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